Crema de coliflor al jengibre con migas de jamón

 photo crema de coliflor con migas de jamoacuten_zpsy6tue1ej.jpgPuesto que la primavera tarda en mostrar su mejor cara,  hoy vamos a preparar esta crema de coliflor con un toque especiado, un platito de cuchara que siempre viene bien tras un día lluvioso. A pesar de contar con un ingrediente principal poco apreciado, considerado como insulso,la combinación de la verdura con el jengibre y el toque crujiente y salado del jamón la convierten en una sopa de matices interesantes. Por otra parte, es una forma sencilla y barata de dar salida a una verdura que no siempre gusta a todos los miembros de la familia. Si la pruebas de esta manara, quizás te replantees las posibilidades de la coliflor.

Ingredientes:

Una coliflor pequeña o media, si es grande

Una patata grande

Un diente de ajo

Un poco de jengibre fresco rallado

3 lonchas de jamón serrano

Caldo de verduras o pollo.

Aceite de oliva, sal, pimienta

Preparación: 

En una cazuela, pon el aceite de oliva a calentar y dora un poquito el ajo cortado en láminas y el jengibre rallado. Añade después las flores de coliflor ya lavadas y las patatas cortadas a trozos pequeños. Dale unas cuantas vueltas para que se dore un poquito, pero sin llegara a coger color. Añade, entonces, el caldo, que sea bien suave, o, en su defecto, agua, o media pastilla de caldo concentrado. Deja hervir y, cuando esté listo ( unos 20 minutos), pásalo por la batidora y cuela para que quede bien fino.

Mientras tanto, precalienta el horno a 200º, pon una papel de horno en la bandeja y las lonchas de jamón sobre él. Espera unos 20 minutos y verás que han quedado secas y crujientes. Con una picadora desmenuza las lonchas y utilízalas para adornar el plato.  Ten en cuenta: cuidado con la sal que hayas puesto en la crema porque las migas de jamón se convierten en un concentrado de sal muy importante.

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J.M. Mulet. Comer sin miedo. Mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación en el siglo XXI. Ed. Destino.

Lo mejor de este libro es el título. Aunque, por desgracia, es lo único que no se analiza. Muchos argumentos científicos irrefutables me desmotan el mito del supertomate o la inexistencia de la enzima prodigiosa, recuerdan al lector de la existencia de una seguridad alimentaria inimaginable hace 70 años, separan el grano de la paja, las coles de los chacras, y, encima lo hace con brío y gracia, como le gusta a los editores actuales. El autor, el biólogo molecular J.M. Mulet,  me dice que coma tranquila, pero no me explica por qué la gente siente la alimentación actual como una amenaza, por qué yo, ciudadana occidental, con supermercados abarrotados de comida, observadora imperturbable del hambre de otros y del desperdicio de toneladas de alimentos estoy medio desquiciada ante la avalancha de informaciones  contradictorias y abrumadoras  campañas de márqueting.  Por qué, en definitiva, intento huir a la desesperada de  esa obesidad que es hoy en día más clasista que nunca, de la anorexia que se ceba en nuestras hijas, del cáncer que he visto en tantos ojos hundidos, por qué le llaman a esto el estado del bienestar si lo que tengo es un miedo que no me deja comer.

Con todo, estoy de acuerdo en muchas de las afirmaciones que hace Mulet sobre el desquiciante mundo de la información gastronómica. Ya sabemos que la alimentación es un tema tan transversal que todo el mundo se cree con derecho a opinar, sea  cocinero, psicólogo, dietista, antropólogo o vendedor de piedras de cuarzo.  Por otra parte, y creo haberlo dicho alguna vez, los estómagos llenos no somos nada agradecidos. Hemos olvidado la carestía y el  ”encasasecomeloquehay” como buenos niños malcriados. Queremos más y mejor, y lo queremos ya, mezclamos los productos de todas las estaciones porque nos gusta como queda la cereza en la punta de una endivia en pleno enero, amén de lo que podemos cobrar por ello al comensal en el caso de que nos dediquemos a la hostelería, metemos algas a porrillo porque benefician no sé qué cosa  y  porque las vende requetebien un chaval gaditano que se le supone un genio de los fogones, buscamos nuevas tendencias gastronómicas como yonkis con mono gustativo.

Hasta ahí todo claro. El término foodie ha hecho mucho daño. Y también los gurús de la nutrición, y los cocineros mediáticos, y los editores de libros de cocina  que nadie lee ni nadie usa, y el Fast food, y el Slow food . ¿O esto no se puede decir??

 

Sinceramente creo que la filosofía slow está muy bien en su orígen y en su esencia: bueno, limpio y justo. La tríada más manoseada está desgastándose y perdiendo su sentido inicial. Por partes: todos queremos que las cosas sean lo más buenas posibles, comer lentamente, tiempo para comer y cocinar, que las cosas crezcan a su tiempo y tengan el mejor sabor, si puede ser el original, mejor, y, si no, hay que perfeccionarlo. Pero obviamente, esto no significa no reconocer que no todas las cosas eran geniales en el pasado y, si no, basta recordar el aceite o el chocolate, la leche bautizada, el vino malo. El debate sobre lo perdido y lo ganado en materia de alimentación es amplísimo y no basta una simple  reseña. En cualquier caso lo que no defiendo es un abuso de la marca tradicional/natural/pasado/abuela cocinera, que no es más que un señuelo de grandes vendas.

En cuanto a la limpieza, quién no haya visto una matanza sin veterinario a la vista hace 50 años en un pueblo de las Hurdes , un gallinero en el Alt Urgell, un matadero de posguerra o un restaurante para  moscas  en los 70,  en plena carretera de La Mancha a Andalucía,  que no hable de suciedad con tanta ligereza. Lo de los pesticidas es un juego de niños comparado con las porquerías que uno engullía sin “miedo alguno”. Y en cuanto a la justicia, ya sabemos que Monsanto es el coco, lo publicó Península, creo que con mejores ventas que mi ensayo. En el resumen del libro se califica a las maniobras de la gran multinacional de los transgénicos como las “estrategias del terror ” ( buen argumento de venta, sí señor) Y hasta  sé que hay una especulación  feroz  con la comida que permite el hambre de mucha gente.  Dentro de poco espero leer a Esther Vivas. 

Pero, ¿es  más justo que los productos ecológicos se vendan en los barrios de clase alta, los restaurantes bio y vegetarianos tengan precios prohibitivos para el populacho carnívoro mientras los McDonald’s sigan proliferando en los extraradios con sus nuevas hamburguesas gourmets firmadas por cocineros en apuros económicos y las familias  compren en fruterías con productos de deshechos? O sea, que para ser una persona justa tengo que pensar en el campesino del Nepal y en el cafetero nicaragüense, pero  no en mi vecino magrebí y en mi  misma cuando  comemos bananas infectas y tomates con gusto a sótano.

Y nos dejamos el tema del KmO, y la defensa de lo local frente a lo global,  la identidad culinaria,  el sabor de los estacional, amén del precio justo. Porque todo eso también es Slow y yo  sí comulgo con este tema. Más que nada porque yo barro para casa, me gusta lo bueno y aún conservo algo de cultura gastronómica.  Pero no quiero vivir en el campo, no  tomo complementos alimenticios, ni alimentos funcionales, no uso flores de Bach y todos mis hijos están vacunados.

Reproduzco uno de los fragmentos que hacen alusión a este tema porque creo que podríamos discutir alguna de sus afirmaciones, como, por ejemplo,  considerar la recuperación de algunas variedades locales como puros caprichos de gourmets. ¡Qué poco amor por la comida!

Una variedad en desuso es una variedad que en algún momento ha sido sustituida por otra que le venía mejor al agricultor ( daba mejor rendimiento, resistía mejor las plagas), al comercializador ( se conservaba mejor, aguantaba mejor el transporte, tenía aspecto más llamativo) o al consumidor ( mejor sabor, mejor precio), el triángulo que decide lo que comemos. Reivindicar una variedad local que no se cultiva, más allá de la curiosidad o de la alta cocina, es como si Ford fuera al salón del automóvil de Ginebra y pretendiera lanzar como novedad el Ford T, o SEAT el 127. Por eso el relanzamiento de cereales como la espelta o el kamut ha tenido muy poco éxito fuera de los circuitos de alimentación “natural” o de “Alto standing”, puesto que en su momento fueron sustituidos por el trigo moderno, por ser este mucho mejor.

 

Libro imprescindible, pues, sobre todo para aquellos a los que no nos gusta oír nuestro propio eco. Por cierto, en el mes de julio se celebrará en Barcelona un congreso titulado Otras maneras de comer, los antropólogos nos darán también su versión al respecto y habrá que oirla. No tendrán formulas químicas,  pero sí sabrán de los miedos que los hombres tenemos alrededor de una mesa.

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Bizcocho salado de quesos, bacon, aceitunas negras y tomates deshidratados.

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La base de esta receta me la dio Lenny Mattos. Me encanta su cocina de origen brasileño. Es como ella: sencilla, amorosa, cálida. Una cocina que  tiene una gran virtud: saber aprovechar los pocos o muchos ingredientes que tiene  a su alcance para conseguir recetas que gustan a todos, que alimentan bien y que consiguen ese efecto de cariño repartido a manos llenas.

Puesto que  esta receta es muy sencilla y permite mil variantes, os voy a explicar la que yo he hecho hoy y dejo la puerta abierta a vuestra imaginación para que la moldees a tu gusto, con aquello que más te apetezca o con lo que tengas en la nevera. Te sorprenderá lo bueno que puede estar un bizcocho tan simple, porque, como dice Lenny,  ”con cuatro cositas que tú tengas se hacen cosas muy ricas y saludables.” En este mismo blog podéis encontrar la receta de las Cuecas Viradas o merienda del día de lluvia, de Lenny Mattos, que son una delicia.

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Foto: Toni Butrón

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Ingredientes:

3 huevos

2 tazas de leche

2 tazas de harina

Una taza de aceite de oliva

Un sobre de levadura

Un poco de sal, pimienta, estragón y albahaca seca.

Queso rallado emmental y cheddar. La cantidad de estos ingredientes no te la indico porque será a tú gusto, dependiendo de si quieres potenciar más un sabor u otro.

Tomates deshidratados

Bacon a dados

Olivas de Aragón

Preparación:

Precalienta el horno a 180º

Bate los huevos con la sal y la pimienta en un bol.

Pasa por una sartén sin grasa los dados de bacon para que no queden crudos en el interior del bizcocho. Resérvalos.

Añade poco a poco todos los ingredientes y bate bien.

Unta de grasa- mantequilla o aceite-el molde que más te guste, introduce la mezcla y hornea aproximadamente 30 m.

 

 

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Xavier Mor Chocolatier: dulce sapiencia.

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Habas de cacao y su piedra para moler.

Xavier Mor Chocolatier es uno de los mejores maestros chocolateros de este país, un artesano del cacao que trabaja con la materia prima más  pura y de más calidad del planeta. Sus  elaboraciones vuelan a veces en compañías aéreas de lujo o acompañan los sueños de las suites de  cinco estrellas, se mezclan con las grandes firmas de moda o son la base con la que trabajan  grandes pasteleros que buscan lo excelso, están en las estanterías de las mejores tiendas gourmets y, a veces, hasta en alimentos creados ad hoc para deportistas o personas con determinadas necesidades. Hace pocos días tuvimos la suerte de entrar en su obrador para que nos explicara algunos de los secretos de su enorme creatividad a partir de uno de los productos más preciados  en esta ciudad desde hace tres siglos.

Imagen: Dolce City

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Es inevitable, huele a chocolate en este showroom que nos muestra una pequeña parte de su variada oferta. No sabemos a dónde dirigir la vista,  el páckaging de estos productos y la promesa de su delicioso contenido aturde…y sorprende.  Siempre elaboramos a demanda de nuestros clientes, remarca Xavier, puedo crear un preparado de coulant que vende Vilaviniteca, unas pieles de naranja bañadas en chocolate y cobertura dorada para un gran hotel o unas capsulas de chocolate y frutos secos. Muy divertidas, por cierto, además de buenas. ¿A quién no le gustaría que le recetaran su dosis diaria de chocolate?

Xavier quiere que esto quede claro. La exclusividad es un rasgo que define su trabajo, aunque esto no significa que no haya puntos de venta para que el consumidor de a pie pueda acceder a sus maravillosas tabletas de cacao  peruano, venezolano, mexicano o del Vietnam, donde se está produciendo un gran cacao . Principalmente, Xavier Mor se nutre de cacao trinitario, pero aprovecho esta aclaración para saber  detalles de los otros  tipos de cacao utilizados,  el criollo y el forastero. Xavier añade al respecto: el cacao es como la uva, una misma variedad puede crecer en unas u otras zonas, pero nunca serán iguales, porque dependen del suelo, del clima, por lo que nosotros escogemos sólo las de mejor calidad y cuidamos al máximo el proceso de elaboración, desde la fermentación de la haba hasta el acabado final.

En cualquier caso, de esta materia prima selecta se obtendrán coberturas de chocolate cien por cien puras, es decir, sin añadidos grasos que no sean los de la propia manteca de cacao. A partir de aquí, como en una buena paella, me insiste Xavier, se le añade los mejores componentes: el mejor azúcar, la mejor vainilla de Tahiti, los pistachos de Sicilia, o la trufa blanca, entre muchos. Siempre con la intención de elevar el listón, de poner en el mercado un chocolate a la altura de los grandes chocolateros europeos, algunos de ellos, por cierto, clientes suyos. Lamenta que en una ciudad como Barcelona, chocolatera hasta la médula, que cuenta con un museo dedicado a este producto de historia fascinante y que fue enclave de la más antigua fábrica de chocolate de España,  el consumidor compre mediocres tabletas  de chocolate y ” huevos kinders ” a porrillo. La algarroba de la posguerra y la publicidad televisiva le puso las cosas muy difíciles a los amantes del chocolate en este país, supongo…

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Xavier Mor hace diez años que elabora coberturas de chocolate para clientes  de tanto prestigio como el pastelero Christian Escribà, por lo que  se pueden permitir errores. ¿Qué sería de las Monas de Pascua de Escribà sin las coberturas de Xavier Mor, pienso para mis adentros mientras chafardeo en el muestrario de cosas dulces que tengo a mi alrededor? Pruebo también una crema de aceite de oliva que me dan a oler y que me imagino untada en pan caliente con chocolate y sal, como postre antiquísimo, de los que marcan la memoria gustativa.

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Inevitablemente, durante la charla probamos algún producto, unos bombones de los que quiere saber nuestra opinión. Pero yo devuelvo con otra pregunta ¿ Son los bombones un producto femenino? ¿ Para comerse un bombón hay que poner boca de pitimí y zamparse sólo uno? ¿Es el chocolate el mejor antidepresivo? ¿Es necesario que vayan siempre en caja con forma de corazón o  forrada de rojo pasión? ¿ Con el café o a cualquier hora? Supongo que habrá estudios de mercado muy serios al respecto….

Yo sólo sé que  un buen chocolate, como bien dice Xavier Mor, debería  valorarse como lo que es: un producto de lujo que está al alcance de todos y del que deberíamos exigir la máxima calidad. Le bonheur des petits plaisirs, que dirían los franceses.

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Tres recetas con habas: del guiso a la ensalada de verano.

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Dice el refrán: En todas partes cuecen habas, y en mi casa, a calderadas. Y es que esta legumbre se consumió tanto y durante tantos siglos en el mundo rural que la gente las relacionaba con lo cotidiano, con aquello que se repite hasta el hartazgo, como el infortunio y las calamidades, propias de la dura vida de antaño. Secas o frescas, esta legumbre formaba parte de la alimentación  casi diaria, de las ollas en las que se mezclaba la verdura de temporada, algo de cerdo y mucha legumbre o cereal.

 Símbolo de fecundidad y presente en todas las culturas culinarias tradicionales del arco mediterráneo desde la antigüedad, esta legumbre  que tanta pereza despierta entre los occidentales modernos tiene grandes beneficios nutricionales  y  tantas aplicaciones gastronómicas que sería imposible resumirlas todas en un post, incluso en un documentado libro. Desde las faves parades de las Baleares, pasando por las clásicas faves ofegades catalanas o las granadinas con tacos de jamón de Trevelez, las habas son una legumbre versátil, incondicional en nuestras recetas de invierno. Incluso cuando llega el verano tenemos en el congelador o en la despensa aquellas que nosotros mismos hemos congelado previo rápido escaldado o hemos confitado en aceite de oliva para ponerla como guarnición, hacer revueltos o preparar frescas ensaladas. Estas son algunas de nuestras recetas más exitosas:

Estofado de habas con alcachofas y butifarra negra.

Ingredientes para 4/5  personas:

3 kilos de habas sin pelar

3 alcachofas

Media butifarra negra

Una cebolla

Un par de dientes de ajo

3 tomates maduros

Hierbabuena

Aceite de Oliva Virgen Extra

Sal y pimienta al gusto

Preparación: 

Pelar y cortar las alcachofas. Confitar en aceite de oliva virgen extra en el microondas durante 7 minutos. Para ello basta ponerlas en un bol, cubrirlas de aceite  de oliva virgen extra y filmarlas. Una vez hecho esto, las escurrimos y las reservamos.

Preparar en una cazuela el sofrito con el ajo y la cebolla cortada finamente, los tomates maduros rallados y dejad hacer lentamente hasta que tenga textura de mermelada. Le podemos añadir un poco de sal y una pizca de hierbabuena para que vaya perfumándo el sofrito. Añadimos las habas peladas y las cubrimos con un poco de agua, dejamos que se hagan a fuego muy bajo durante unos 3/4 de hora, pero eso dependerá del tamaño de las habas. Si son babys tardarán muy poco, evidentemente. Otra opción para ganar tiempo es confitarlas de la misma forma que hemos hecho con las alcachofas  para ganar tiempo.

Una vez cocidas, añadimos las alcahofas, las butifarra negra a trozos y una ramita más de hierbabuena. Le damos una media horita de reposo para que se liguen todos los sabores.

Habas a la gaditana ( receta de herencia familiar)

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Ingredientes para 4/ 5 personas:

3 kilos de habas

3 alacahofas

Un manojo de ajos tiernos

Un vasito de Fino Collantes, vino de Chiclana, D.O. Jerez

Media butifarra negra

Un manojito de hierbabuena.

Aceite de Oliva Virgen Extra

Sal y pimienta

Preparación:

Lo ideal para hacer este plato es confitar las alcachofas y las habas previamente en aceite de oliva durante 7 minutos en el microondas. Basta ponerlas en un bol, cubrirlas con el aceite de oliva y filmarlas con papel transparente, poner el microondas a máxima potencia, esperar el tiempo indicado y reservarlas.

Mientras tanto rehogamos los ajos tiernos cortados en una cazuela con muy poco aceite de oliva, doramos la butifarra negra (puede ser una morcilla de nuestro gusto) y  volcamos las habas y las alcachofas, la ramita de hierbabuena y echamos el chorrito de vino de Jerez dejando que se evapore. Damos un pequeño hervor con muy poca agua, justo para ligar los ingredientes de la  cazuela.

Ensalada de habas con jamón y aceite de hierbas aromáticas

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Ingredientes:

300 gr. de habas peladas y confitadas en aceite de oliva virgen extra

2 tomates Raff.

2 cebolletas tiernas

Un trozo de jamón grueso para cortar en taquitos.

Flores de habas

Aceite de Oliva Virgen Extra con distintas hierbas: hierbabuena, hinojo, orégano, hinojo…..

Sal y pimienta al gusto.

Preparación:

Poner en el fondo del plato o bandeja los tomates eb rodajas, añadir las cebolletas cortadas finamente, las habas, los tacos de jamón y el resto de los ingredientes. Salpimentar y aderezar con el aceite de hierbas ( triturar en el vaso de la batidora las hierbas frescas con el aceite de oliva, remover bien y aliñar).

Ensalada de habas con tomate cherry, queso feta y aceite de hierbas

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Ingredientes:

300 gr. de habas confitadas en aceite de oliva virgen extra

2 cebolletas

1/4 k. de tomates cherry de diferentes sabores

150 gr. de queso feta griego.

flores de habas

Aceite de hierbas al gusto

Sal

Hierbabuena

Preparación:

Una vez confitadas las habas en aceite de oliva virgen extra, las dejamos enfriar y reservamos. Componemos el plato montando los diferentes ingredientes en un bol o ensaladera, lo aderezamos con la sal y el aceite de oliva aromatizado a nuestro gusto. Para ello sólo tenemos que triturar en el vaso de la batidora las hierbas con el aceite de oliva virgen extra, remover bien y aliñar. Podemos reutilizarlo para aliñar otras cosas, como pescados o carnes blancas a la plancha.

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Panes con IGP: el pan de Cea y el pan de pagès català

Imagen: http://eljardindemisrecetas.blogspot.com.es/2015/01/molletes-de-antequera-caseros.html

Casi todos mis recuerdos gastronómicos empiezan por el pan. Mucho más que una magdalena proustiana, el buen pan es evocador de un tiempo, unas gentes o un paisaje al que he asociado una parte de mi biografía. Tal vez es porque, después de la leche materna, a los niños pequeños se les daba un pedazo de pan con el que empezar a mordisquear, a probar el tacto, el olor de las cosas que nos alimentan. Con el tiempo, uno se va alejando de la comida como se aleja de todo lo simple a través de mil normas. Las manos ya no tocan casi nada. Volver a llevarse los dedos a la boca está reservado a los que  ya poco nada recuerdan, excepto el olor a pan.

Símbolo de unidad y de comunión entre los hombres y la divinidad, casi cada pueblo tenía un pan muy suyo que lo hacía más universal. En mi memoria están las baguettes que crujían a la francesa, se untaban de mantequilla con sal de Guérande,  los panecillos de Viena, pan de leche blanquísimos que hubieran hecho feliz a la abuela de Heidi, rellenos de jamón de york o de mousse de  canard en las fiestas de  cumpleaños infantiles, el pan ingles para preparar  los croques monsieurs, antes de que alguien me enseñara a llamarlos bikinis y le quitara la bechamel, los molletes de Antequera en  las mañanas de playa en la bahía gaditana, pintados de roja manteca colorá y mojados en café de puchero, el pan de Baleares,  sosísimas rebanadas tostadas que comíamos con pegotes de  allioli en la terraza ibicenca del restaurante de  Cala d’Hort, las tostas de queijo de nuestros  desayunos portugueses, hechas con pao de l’Alentejo, tan recio, tan tierno, el negro pan de centeno de aquella aldea de Lugo donde ya no queda nada más que chorizos ahumados y un hórreo despintado.

 

Imagen: el pan de baleares se compra ya seco y cortado en finas rebanadas para preparar las famosas sopas mallorquinas.  http://www.salud-10.com/blog/receta-tradicional-sopas-mallorquinas/ 

 

 Pan de l’Alentejo, sur de Portugal, tierras de buen trigo. Imagen. http://panisnostrum.blogspot.com.es/2011/11/panes-de-portugal-1-tierras-de-trigo.html

Hoy, después de épocas de un cierto abandono de la cultura del pan, podemos volver a comer panes de calidad como antaño. Incluso algunos, como el pan gallego de Cea y el pan de pagès català tiene IGP. Ambos se caracterizan por usar harinas de trigo de primera calidad, agua, sal y masas madres como levadura,lo que le proporciona un punto ácido. La miga tiene una textura esponjosa, fibrosa y firme.  Pesan alrededor del kilo y se cuecen en horno de piedra y leña respetando el tiempo necesario de fermentación y cocción, ambos tienen forma redondas, cortezas crujientes y ese largo mantenimiento que lo distingue de los panes industriales que pierden rápidamente ternura.

Pà de pagès català:

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 http://www.padepagescatala.org/

Pan de Cea

Imagen. El pan de Cea, uno de los mejores  y más apreciados de Galicia donde se le conoce como el pan de fiesta, ya que ordinariamente el pan que acompañaba las comidas de los campesinos era de centeno y maíz.  http://www.pandecea.org/esp/principal.html

 

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Sardinas al horno con hinojo, limón y cilantro.

 photo sardinas al horno con hinojo_zpsw5kuwslb.jpgA Vueltas con el pescado de Cuaresma. Por suerte, todo no ha de ser bacalao, no porque no nos guste, sino porque los tiempos han cambiado y pescado, mejor o peor, lo hay fresco, o casi, en todas partes.

Las sardinas tiene su mejor momento en verano, cuando llegan llenitas de grasa y basta con ponerlas a la brasa o en los famosos espetos  para sacarles todo el jugo gastronómico. Mientras tanto, hay que ayudarlas un poquito, añadirles un aderezo, escabecharlas, guisarlas con  hortalizas como en la clásica Moraga de sardinas malagueña, o añadirlas a las buenas  cazuelas de fideos, como lo hacen  también en Málaga o en Cantabria.

Nosotros, siguiendo nuestra norma de usar principalmente productos de temporada vamos a prepararlas de un modo un poco más invernal, con limón, hinojo y hierbas frescas, principalmente cilantro. Es realmente fácil, ligero y no dejaréis en la cocina ese persistente olor a sardinas asada que tanto cuesta de desaparecer.

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  Ingredientes para 4 personas:

1/2 k. de sardinas un poco grandes

Un hinojo

El zumo de un limón

Un par de dientes de ajo

Aceite de oliva, sal, hierbas frescas ( orégano, cilantro, hinojo).

Preparación:

Precalienta el horno a 190º, limpia y sala las sardinas y disponlas en una bandeja junto con el hinojo cortado finamente, las hierbas, el aceite de oliva , las hierbas, el ajo cortado en láminas y rocíalas con el zumo de un limón. Ponlas en el horno durante unos 10 minutos.

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